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¿Necesitamos buenas noticias?

Están de moda. ¡Son lo último en la tele criolla! Tanta es la algarabía que rodea a las “buenas noticias”, que son las protagonistas de uno de los piques más interesantes en años, entre los dos canales de televisión con mayor audiencia.

La llegada de + Que noticias , el primer programa de Teletica que parece hecho por Repretel, sacude un territorio hasta ahora monopolizado por Informe 11 . El auge invita a preguntarnos si las “buenas noticias” eran una necesidad, o son un lavado de conciencia.

Empecemos por el principio, ¿cuáles son las buenas? Podemos separar la fórmula en sus componentes: algunas historias “humanas” (idealmente lacrimógenas), notas de corte costumbrista y locación rural, ejemplos “inspiradores”, gotitas de autoayuda, secciones “educativas”, y contenido de relleno tomado de Internet.

Si las nuevas son las “buenas”, las noticias de antes, las convencionales, ¿son las “malas”? ¡De eso se les acusa!: coronaron al suceso común como amo del rating , y privilegiaron un periodismo efectista que explota a placer el morbo del espectador.

Con esa receta de sangre y drama, las noticias por televisión han reinado por décadas. Según un estudio de marzo de 2012, a cargo del Idespo de la Universidad Nacional, el 95% de los costarricenses ubicó a la televisión como “el principal medio para informarse”, y 7 de cada 10 costarricenses dijo confiar en ese medio para formar su propia opinión sobre asuntos de actualidad.

Esos datos son preocupantes, pero este es revelador: se le consultó a los encuestados cuán informados se sienten sobre distintas temáticas. El primer tema sobre el que los ticos dijeron estar “muy informados” fue “sucesos” con un 64%, seguido por “deportes” con un 63%.

El sólido legado de las “malas noticias”.

Si bien los noticiarios no pueden ser responsabilizados por la realidad que les corresponde reportar (imaginemos por ejemplo, pedirle a un noticiario de Ciudad Juarez, o de Tegucigalpa, que evite el contenido violento), sí son responsables por la forma en que abordan y difunden cada hecho particular. También está en sus manos la selección y jerarquización de los temas, y el tiempo de aire que se le destina a cada asunto.

Por medio de esas herramientas: enfoque y agenda, un mismo hecho, con claros valores noticiosos, puede ser presentado como una “buena” o “mala” noticia. O se puede generar la percepción de que una determinada temática es más importante que otra.

No son más las “malas noticias”; pero sí son más fáciles de convertir en audiencia. El enfoque alarmista, dramático, y bochinchero se impone. El optimismo –por su parte– siempre cae bien, y se agradece. Pero más que las nuevas “buenas noticias”, muchos esperamos con ansias más noticias buenas: ciertas, oportunas, precisas, relevantes, y cómo no: humanas.

Publicado originalmente en la Revista Dominical de La Nación.

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