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Campaña de mentiras: la invasión de las fake news

Se les atribuye buena parte de la culpa del triunfo de Donald Trump en EEUU. Desde entonces se han convertido en la mayor pesadilla en la historia para Facebook. Las fake news y las redes sociales son una mezcla explosiva.

En Costa Rica, prácticamente todos los usuarios de redes sociales dicen haber visto fake news durante esta campaña electoral. La campaña sucia del 2018 es en realidad una campaña de mentiras. Pero en serio.

El boom de la mentira

Fake news es un nombre nuevo para un asunto de toda la vida: las noticias falsas, las medias verdades, o los engaños que se hacen pasar por información cierta. Con el auge de las redes sociales, la vieja práctica de la desinformación adquirió nuevas alturas y ahora parece que no hay quien la pare.

El climax de esta “nueva” vieja realidad llegó tras la elección presidencial estadounidense de 2016. Las informaciones engañosas jugaron un papel clave, promovidas por estructuras formales e informales del partido republicano, y por la intromisión de organizaciones rusas. Mientras Trump acusaba a la prensa formal de publicar fake news en su contra, su partido inundaba plataformas como Facebook, Reddit y Twitter con toneladas de contenidos falsos de la más diversas temáticas, pero disfrazados de noticia, muchos de ellos publicados desde fanpages de supuestas organizaciones civiles, o desde supuestos medios de comunicación creados con ese fin. Distinguir entre lo cierto y lo falso, era misión imposible.

A finales del 2017, el diccionario Collins eligió “fake news” como el “término del año”, tras un incremento “sin precedentes” del 365% en su uso desde 2016. Las fake news son, según Collins, “información falsa, con frecuencia sensacional, difundida como noticias”.

Pero la naturaleza cambiante del entorno digital y móvil obliga a una actualización inmediata del término. Las fake news no necesariamente se presentan “disfrazadas” de noticias publicadas por medios de comunicación “nuevos” o falsamente atribuidas a medios conocidos. La presente campaña electoral costarricense ha evidenciado la multiplicidad de formatos empleados para difundir mentiras o medias verdades. Falsos posteos supuestamente publicados por figuras públicas, políticos, o medios. Audios alterados, o falsamente atribuidos. Memes con información incorrecta. Cadenas de emails. Grupos falsos en redes usados como trampas para atraer a seguidores del adversario. Las posibilidades son tan amplias como la creatividad de los embusteros.

En un sondeo informal, online y abierto, realizado por este blog entre usuarios de redes sociales y respondido por 940 personas entre el 1ero y el 5 de marzo, el 97% indicó haber visto contenidos que pudo identificar como falsos durante esta campaña. Es decir: si usted usa redes, ha visto circular mentiras, y al menos en algunos casos sabe que lo son.

Se juntó el hambre con las ganas de comer

Las fake news y las redes sociales son fuego y gasolina.

Más del 70% de los usuarios que respondieron nuestro sondeo, dicen que Facebook es el medio en el que han detectado “más” contenidos que consideren falsos. Whatsapp ocupa una 2da posición mencionada por un 18.7% de los usuarios.

Sondeo online. Marzo 2018. Elaboración propia.


La percepción coincide con la alta popularidad de Facebook y Whatsapp entre los usuarios costarricenses.

A marzo 2018, existen aproximadamente 3 millones de cuentas activas de Facebook en Costa Rica. Según el 7mo Estudio de Redes Sociales de Centroamérica y el Caribe de iLifeBelt, Facebook y Whatsapp son las redes sociales preferidas por los usuarios con un 81% y 80% de menciones, respectivamente. Esta semana, el periódico La Nación reveló que el 96% de los clientes de las operadoras Claro, Movistar y Kolbi, son usuarios de Whatsapp. No es exagerado, entonces, asegurar que en Costa Rica, Facebook está cerca de convertirse en “la internet” y Whatsapp es usada por cualquiera que tenga un móvil con acceso a datos… ¡y cualquiera tiene! El 95.5% de los costarricenses, según CEPAL.

Entonces, Facebook y Whatsapp son del tamaño del universo de usuarios, y de ese tamaño parece ser también la amenaza potencial del contenido falso.

Las redes sociales son el 3er factor que más incide en la decisión de voto de los electores, según una encuesta del CIEP de enero 2018. Los usuarios conceden gran importancia a los contenidos que circulan por esas plataformas, fundamentalmente por un factor de afinidad. “La nueva conformación social otorga veracidad en la cercanía relativa”, explica Gustavo Araya, politólogo y docente de FLACSO y la Universidad de Costa Rica. “Muchas de estas noticias ficticias se comparten en grupos de Whatsapp en los que la fuente “confiable” es el primo, el tío, el compañero de trabajo”, agrega Hulda Miranda, Editora de Investigación del Semanario Universidad.

La misma encuesta del CIEP sitúa a las “noticias” como el factor más importante para los electores.

Imaginemos entonces qué pasa cuando juntamos “noticias” que no lo son, con redes sociales a las que otorgamos credibilidad por afinidad, y cuyo potencial de distribución viral es absoluto, en un universo que es casi tan grande como la totalidad de la población…   “La gente muerde el anzuelo con mucha facilidad y gran satisfacción, sobre todo si la noticia falsa favorece al candidato de su preferencia”, dice Pilar Cisneros, exdirectora de Telenoticias.

“Nos estamos jugando la credibilidad y el futuro del periodismo”, alerta Any Pérez, periodista y curadora de contenido. La alarma no es para menos, veamos:

Mentiras a la tica

Un día cualquiera circula por Whatsapp otro audio atribuido a la economista Edna Camacho pintando el apocalipsis que se desataría si el PAC gobierna 4 años más. Después una nota falsa asegura que si la mayoría de los electores votan en blanco, se repiten las elecciones. Al día siguiente una cadena por Twitter: ¡Firmemos una petición para que el TSE cambie la fecha de la 2da ronda! Ese mismo día circula en Facebook un post en el que supuestamente Óscar Arias le da su adhesión a Fabricio Alvarado. ¡Alerta! Los libros de 4to grado de los programas de sexualidad y afectividad enseñan a los niños a practicar sexo oral. Son solo algunos ejemplos de las patrañas detectadas y desmentidas por el proyecto #NoComaCuento de La Nación. El equipo de periodistas ha desmentido cerca de medio centenar de embustes desde el mes de enero. A partir del 4 de febrero y hasta el 6 de marzo, han publicado 18 notas, incluyendo una sobre cómo detectar contenidos falsos.

Según Gustavo Arias, Editor Digital y Coordinador de #NoComaCuento las 18 publicaciones más recientes se distribuyen así:

  • Supuestos apoyos a candidatos: 6
  • Programas sexualidad y afectividad: 6
  • Sobre proceso electoral: 3
  • Contenidos sobre matrimonio igualitario: 1
  • Contenido que se le adjudica a medios internacionales: 1
  • Contenidos sobre religión: 1

Arias indicó que su equipo no puede afirmar que alguna de las campañas en pugna (PAC o Restauración Nacional) esté detrás de la difusión de estos contenidos, y tampoco han detectado una mayor cantidad de fake news a favor o contra de alguno de los candidatos.

Para intentar una perspectiva, analicé cada uno de los 18 contenidos falsos desmentidos por #NoComaCuento entre el 4 de febrero y el 5 de marzo 2018, y los clasifiqué por el fondo. Algunos presentan información decididamente perjudicial para uno de los candidatos, otros son nocivos para ambos. Algunos son favorables a uno de ellos, o a ambos. Y 3 de las notas son neutras en términos de su potencial perjuicio o beneficio a una u otra campaña.

El resultado puede ser llamativo: Casi el 39% de los contenidos falsos desmentidos son claramente favorables a Fabricio Alvarado, mientras que el 17% podrían perjudicarlo. Por otro lado, solo el 5.5% de los contenidos falsos son claramente favorables para Carlos Alvarado, mientras que el 44.4% de esas fakes-news podrían perjudicarlo.

Análisis de contenido. 4/feb-5/mar 2018. Elaboración propia.


Me preocupa mucho el efecto que puede tener un audio de Whatsapp con información falsa que llega directo a oídos de la tía que nunca lee ni el periódico, pasa consumiendo la pobreza informativa de los telenoticieros a la hora de almuerzo y de pronto tiene que elegir entre Fabricio y Carlos rodeada de chismes y prejuicios”, dice Alejandro Fernández, Data Journalist y fact checker en Univisión Noticias Digital.

El fact checking se ha posicionado como la principal arma del periodismo frente a las fake news. Consiste en un trabajo de verificación posterior, de lo dicho, publicado o circulado por alguna fuente o de forma anónima. La práctica tampoco es nueva, pero ha adquirido protagonismo en esta elección frente a la amenaza de los engaños.

Durante este proceso electoral varios medios, además de La Nación, han desarrollado esfuerzos de fact checking. Es el caso de Detector de Mentiras, de ElMundo.cr, y Chequeo del Semanario Universidad. Ambos se dedicaron a verificar lo dicho por los candidatos durante los debates de la 1era ronda electoral. Antes de las elecciones, 10 periodistas del Semanario se capacitaron con Chequeado de Argentina, un prestigioso proyecto referencia del fact checking en la región.

“Pensamos que iba a ser una campaña donde el tema de las fake news iba a estar muy presente”, dice Gustavo Arias, sobre lo que llevó a La Nación a lanzar #NoComaCuento a partir de enero. “Y bueno, no nos equivocamos”.

¿Qué deben hacer los medios en la era de las mentiras virales? ¿Cómo no morder la manzana?

¿Para qué sirve el fact checking si 10 personas leen la aclaración, pero mil leyeron la mentira?

¿Realmente tienen las fake news la capacidad de influir en el electorado? ¿O estamos exagerando?


Contra las mentiras, periodismo

Para Gustavo Araya, el problema empieza porque durante los últimos años a partir del éxito de los contenidos ligeros o sensacionalistas, se desdibujó la posibilidad de distinguir entre información y aquello que no lo es, hasta el punto en que consideramos noticia “casi cualquier producto simbólico que por tal se haga mencionar”.

Los comunicadores coinciden en el peso que tiene el sesgo propio de los usuarios en la facilidad con que dan crédito a contenidos cuestionables. “Es más cómodo y placentero el sentimiento de tomar como cierto algo que confirme mi corazonada o mi prejuicio”, dice Alejandro Fernández. Hulda Miranda concuerda: “Pareciera que esto sucede con personas de baja escolaridad, pero también lo he visto repetidamente en aquellas personas que encuentran su pensamiento y convicciones (opiniones y no hechos) reflejados en estas noticias falsas”. “Es un sesgo selectivo que viven hasta los más educados de la sociedad”, concluye Fernández.

Durante los últimos meses se han realizado múltiples estudios e investigaciones, particularmente en EEUU, Alemania y Francia. Entre otros objetivos, se busca establecer la incidencia real que trendrían las fake news en las opiniones de las audiencias, y en su intención de voto. Sobre este particular en la región latinoamericana aún sabemos poquísimo.

El 79% de quienes participaron en nuestro sondeo, considera que las fake news sí pueden incidir en la intención de voto de los electores, incluso cambiarla. Para el 28% las noticias falsas sí pueden tener influencia, pero solo para reafirmar una posición previamente tomada: el sesgo propio. Solamente el 2% de los participantes considera que las fake news no tienen ninguna incidencia, o que los usuarios las ignoran.

Araya agrega, como un agravante, que como ciudadanía no nos caracterizamos por nuestros hábitos de lectura, “tampoco por la lectura crítica”, dice. El desarrollo del sentido crítico desde la educación temprana es uno de los factores clave en la forma en que las audiencias reciben y reaccionan frente los contenidos. Así ha quedado demostrado en diversos estudios señalados por Alejandro Fernández, uno de los más llamativos es “¿Quién cae en las noticias falsas?”, desarrollado por dos investigadores en la Universidad de Yale. Entre sus conclusiones se establece que “Las personas que piensan analíticamente son más capaces de distinguir un titular falso de uno real, independientemente de si ese titular es favorable a su ideología política”. El estudio además determinó que en general “las personas que tienden a pensar analíticamente también son menos propensas a compartir noticias falsas, pero también reales, en las redes sociales”.

Sin embargo, la potencial incidencia de los embustes en la intención de voto está lejos de ser su único efecto nocivo. Lo plantea mejor que nadie Rasmus Kleis Nielsen, Director de Investigación del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo en la Universidad de Oxford: “Yo diría que el mayor impacto de la desinformación, es que puede sembrar desconfianza, intensificar la polarización en torno a temas críticos, socavar la confianza en las instituciones públicas, los medios de comunicación y las empresas privadas, y aumentar la confusión en torno a los asuntos públicos”.

Aclara, aclara, que algo queda

Los medios de comunicación (el periodismo) tiene dos alternativas: mantenerse firme del lado de la verdad cierta, de los hechos, o bajar a jugar a la cancha del embuste y competir por likes y shares con el contenido basura. Dos caminos que llevan en direcciones opuestas.

Si usted trabaja para un medio creíble, confiable y experimentado, más le vale alejarse de la tentación”, advierte la experiementada Pilar Cisneros. “En el corto plazo, puede ganar mucho tráfico o audiencia. En el largo plazo, perderá la credibilidad y la confianza de su público y de sus anunciantes. Un pésimo negocio. Una mala apuesta”.

“Los valores y principios rigurosos que rigen al periodismo nunca pueden sufrir un menoscabo por ganar más clicks”, coincide Hulda Miranda. “Podemos valernos de herramientas que hagan llamativo nuestro trabajo en cuanto a formatos, claro que sí”, agrega.

Gustavo Arias cuenta que las publicaciones de #NoComaCuento han tenido muy buena recepción en cuanto a visitación y viralidad, y aunque no alcancen la difusión que tuvieron las mentiras desmentidas, están convencidos de que sí causa un impacto entre quienes vieron o compartieron las fake news.

Similar es la opinión de Alejandro Fernández, que también recuerda como positiva en términos de tráfico, la experiencia con “Rete al candidato”, en 2014, el primer proyecto de fact checking que se hizo en Centroamérica. “El fact checking puede ser una forma digna e inteligente de viralización de los medios tradicionales”, apunta.

Fernández aporta un elemento interesante. Si bien la televisión nacional es el principal medio al que recurren los ciudadanos para informarse, y también el que más dinero recibe por concepto de pauta publicitaria, es también el medio que menos ha aportado en la batalla contra las noticias falsas. “Es triste ver que nadie en la televisión tiene el menor interés de luchar contra la desinformación”, dice.

Irónicamente, en Costa Rica también es la televisión la que con mayor frecuencia ha metido la pata con hoax y asumiendo como ciertos contenidos falsos que circulan online.

La periodista Any Pérez agrega la preocupación de que en su voluntad de desmentir, los medios caigan en la trampa de quienes usan las fake news como anzuelos para acaparar la cobertura periodística. “Se potencia el riesgo de entregarle la agenda mediática a quienes distribuyen rumores y falsedades con el certero objetivo de desviar la atención pública y desgastar a los periodistas profesionales en hojas, en lugar de analizar el bosque de la actualidad nacional”, advierte.

Pérez señala que el impacto del fact checking puede ser mínimo o efímero, en comparación con la difusión que reciben las fake news, y que también se ha cuestionado que las aclaraciones surtan algún efecto en la intención de voto de los electores. La periodista llama la atención sobre otras alternativas que permitan establecer la procedencia y el modus operandi de las granjas de contenido basura. “Poco logramos para enfrentar y vencer a las noticias falsas, desmintiendo meme por meme. Hay que investigar con big data la circulación masiva para encontrar patrones, orígenes y vislumbrar posibles acciones legales o ciudadanas”, agrega.

“Miente, miente, que algo queda” parece ser la estrategia de algunos sectores de la política (y la politiquería) costarricense. La frase, atribuida al Ministro de Propaganda Nazi, Joseph Goebbels. Parte de la premisa de que la mentira golpea primero, y la aclaración suele llegar tarde y con mucha menos fuerza. Mentir, entonces, permite fijar una idea entre la audiencia, que difícilmente podrá desmontarse luego.

“El fact checking sí contribuiría a luchar contra ideas equivocadas, pero no parece tener efectos en la evaluación de aptitudes de los candidatos o la decisión de voto”, dice Alejandro Fernández. “Mi trabajo no es hacer a las personas cambiar su voto, mi trabajo es informarles con la verdad. Lo demás queda en manos de ellos”, concluye.

Yo cierro con esto: la frase no es de Goebbels, aunque se le ha atribuido durante décadas. Fake news.

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