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Eduardo Ulibarri: “Imparcialidad es tratar a cada candidato como merece ser tratado”

De forma transparente o no, premeditada o no, el trabajo de los medios de comunicación tiene la capacidad de influir sobre la opinión pública y posiblemente sobre la intención de voto de los ciudadanos. También juega un rol protagónico en la definición de la agenda: en establecer sobre qué -o sobre quién- se habla y con qué enfoques.

Las redes sociales han modificado dramáticamente ese esquema. Ahora ciudadanos comunes o los propios actores políticos, tienen la capacidad de colocar mensajes de manera directa e imponer los temas de conversación.

Los medios, que antes tuvieron el monopolio de esa mediación, ahora son un actor más dentro de un ecosistema que agradece la transparencia y la autenticidad, y es irreverente con la institucionalidad (incluyendo la de los propios medios).

“En Costa Rica no es común la sana práctica periodística de que los medios expongan a su audiencia cuál es su posición política, o a cuál candidato apoyan en una elección presidencial. Sin embargo, que no la digan transparentemente no significa que no la tengan”, plantee esta semana como incitación para un sondeo informal, pero bastante revelador, sobre las percepciones que tenemos los usuarios de las redes sociales del trabajo que hacen los medios en términos de equilibrio y neutralidad. Los resultados están aquí.

Para poner el tema en perspectiva y sobre todo enmarcarlo en los valores periodísticos, recurrí a la experiencia de Eduardo Ulibarri. Dirigió La Nación durante 21 años, fue Embajador de Costa Rica ante Naciones Unidas durante la administración Chinchilla, es profesor de la Universidad de Costa Rica y asesor en asuntos internacionales y estrategias de comunicación. Entre otros reconocimientos recibió el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez y el María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia. Hablamos de neutralidad:

 

• ¿Usted diría que en un contexto tan complejo, y también tan delicado como el que nos ha presentado esta elección, los medios de comunicación deberían “tomar partido”, fijar una posición y exponerla a su audiencia?

Creo que tomar partido a favor o en contra de un candidato, no. Por lo menos no en su dimensión informativa. A mí me parece que hay que tomar partido por un periodismo independiente, crítico, distanciado, y que no vea la imparcialidad como simplemente “equilibrar” informaciones “a favor y en contra de”, sino que vea la imparcialidad desde el punto de vista de tratar a cada candidato como merece ser tratado. Por supuesto que esto tiene una carga de subjetividad muy grande, pero me refiero a que si hay un candidato -por ejemplo- que falsea la verdad de los hechos, o que tiene una actitud claramente discriminatoria en contra de determinados grupos, no se le puede tratar -en esas dimensiones- de manera equilibrada, con otro candidato que tiene un manejo mucho más preciso y fiel de los hechos y que además no tiene una actitud discriminatoria.

“Lo que hay que abandonar es esa actitud de que “fulanito dijo y el otro dijo”, porque podría conducir a legitimar posiciones que no necesariamente son igualmente legítimas”

Ahora, creo que en una coyuntura como ésta los medios tienen que hacer un enorme esfuerzo por no ponerse en función de ningún candidato.

Desde el punto de vista de una política editorial, yo sinceramente es algo que me he cuestionado muchísimo y no he podido llegar a una conclusión. Tiene que ver no solo con lo que sucede en otros países, sino con las condiciones de la prensa de cada país, y las condiciones culturales de cada país.

A mi me parece que en Costa Rica no hay condiciones adecuadas para que un medio, en su política editorial diga “estamos favoreciendo a Fulanito, o no”. Creo que podría prestarse para malas interpretaciones y para que la gente encasille al medio aún más de lo que ya de por sí lo podría encasillar.

También creo que hay aspectos delicados hacia adentro: una cosa es la posición editorial, la posición del medio, y otra cosa son los periodistas que trabajan en los medios. Los periodistas siempre son una heterogeneidad, aunque también tienen sesgos que van de acuerdo con su cultura, su formación. Entonces puede ser un tipo de señal que ponga en duda de parte de los periodistas, qué se está esperando de ellos.

Ahora, prefiero sin duda una clara política editorial que manifieste la opinión del medio en relación con algún candidato, que una política informativa disfrazada de objetividad que trate de beneficiarlo o perjudicarlo.

• A mi me llama mucho la atención la recurrencia con la que las audiencias piden, exigen, o añoran, una pretendida “neutralidad” por usar un término más realista, pero incluso lo llevan al punto de la “objetividad” utópica, en lugar de aspirar a ese ejercicio de transparencia que entiendo es lo que usted plantea.

Así es.

• Es decir en lugar de buscar una “neutralidad” que puede terminar siendo hasta casi irresponsable, deberían, deberíamos, exigir un mínimo de transparencia.

Estoy totalmente de acuerdo. Y sobre todo de parte de los medios que, así como exigen transparencia a las fuentes informativas, tienen un deber de transparencia hacia la sociedad.

Ahora, creo que también dentro de ese ejercicio de distanciamiento y de equilibrio hay que tener mucho cuidado con el manejo de la agenda.

Es muy peligroso y creo que en algún sentido ha sucedido en esta campaña, al menos de parte de algunos medios, que las fuentes están dominando la agenda y prácticamente imponiéndosela a los medios. Eso es sumamente inconveniente desde el punto de vista del papel de los medios en la sociedad.

Obviamente con las redes sociales y con la posibilidad de saltar por encima de los medios, las fuentes informativas tienen muchas más posibilidades de llegar directamente al público y controlar esa parte del mensaje. Pero a lo que me refiero es que no se está haciendo suficiente indagación sobre lo que están diciendo los candidatos, y que lo más peligroso es simplemente ponerles el micrófono, que digan lo que digan y dedicarle, no sé, 5 minutos a uno y 5 minutos al otro. Eso no es un ejercicio de periodismo que me parezca responsable; y en última instancia tampoco es objetivo porque es una objetividad que es de la forma; no la objetividad de tratar a personas distintas de manera distinta, que es como debería ser.

 


• Usted hablaba de las condiciones culturales del país. En los países en los que es común, tal vez por la madurez de su ecosistema de medios y de las audiencias, la práctica de que los medios sean transparentes desde su perspectiva editorial con los endorsements, con los apoyos que manifiestan hacia un determinado candidato, ¿qué impacto cree que tiene sobre el electorado?  Para no ir muy lejos en la historia, en la pasada elección estadounidenses prácticamente hubo un consenso de parte de los medios, en favorecer de manera decidida y abierta a Hillary Clinton, y uno podría poner en duda qué peso tuvo ese factor sobre la intención de voto…

Yo creo que en realidad el impacto que tiene es mínimo. Una posición editorial de un medio tiene muy poco impacto -creo yo- en las decisiones electorales de los ciudadanos. No tengo ninguna base objetiva, empírica para decirlo, es simplemente una impresión.

En lo que los medios pueden tener una importancia decisiva es en la definición de la agenda, y en el enmarcado de los hechos. Ahí sí pueden influir por lo menos en generar una determinada visión de la realidad, e inducir -deliberada o impremeditadamente- en actitudes de la gente que eventualmente conduzcan a un comportamiento electoral.

Ahora, como los medios no son realidades ni instituciones aisladas del resto de la sociedad, también creo que influye mucho cuál es el tipo de discusión política que se ha estado dando, qué tipo de fracturas políticas se han estado dando, y cómo eso interactúa con las decisiones editoriales o informativas de los medios.

Por ejemplo, en el caso de las elecciones en Estados Unidos yo presumo que el endoso de una gran cantidad de medios, si no es que de la totalidad, a Hillary Clinton, a la larga pudo haber beneficiado a Donald Trump con una parte del electorado, la que parte de que hay una especie de conspiración de los sectores cosmopolitas, elitistas, de las costas, que están tratando de mantener un status quo y que mantienen a ciertos grupos que han controlado la política, y entonces el endoso de los medios es simplemente una prueba de que son parte de esa conspiración.

Yo me temo que cuando se crispan los debates electorales, y creo que en este momento vivimos en Costa Rica una crispación bastante grande, todavía menos influiría una posición editorial de parte de los medios de comunicación, porque presumo que reafirmaría las percepciones que ya la gente tenga. Por ejemplo en el caso nuestro creo que hay un sector favorable a Fabricio Alvarado, que imagino que consume mucho más televisión que prensa escrita, que probablemente interactúa poco en redes sociales aunque probablemente sí tome en cuenta a Whatsapp, por cierto recuerdo que usted mencionó que Whatsapp era un nuevo jugador…

• El newcomer de esta campaña.

Eso, y creo que probablemente tiene razón. Pero me refiero a que hay gente que lo que diga La Nación, o lo que diga canal 7, desde el punto de vista editorial, le va a influir muy poco. Desde el punto de vista de ciertos hechos que se lanzan a la discusión pública, y de la forma en que se enmarque esos hechos, si creo que puede haber mucha mayor incidencia.

Creo que aquí, como ha ido ocurriendo en Estados Unidos, en países europeos y también latinoamericanos, hay un electorado que se ha ido polarizando, encerrándose en sus propias burbujas sensoriales y cognitivas y comienza a impermeabilizarse a lo que venga de afuera de esas burbujas en las que están metidos.

• Pensando en quienes no son periodistas, pero también en los que sí lo son: ¿cómo se hace en la práctica, en el día a día, para rehuir a esa posibilidad que tienen los candidatos a la presidencia de imponer la agenda? En una campaña que ha estado marcada por mensajes altisonantes, por reacciones viscerales a hechos noticiosos. ¿Cómo se hace desde el periodismo, para que la agenda no esté en manos de las fuentes?

Es un ejercicio muy difícil, o al menos muy desafiante.

Creo que lo primero, aunque es una respuesta muy general, es no tener actitudes acomodaticias o del menor esfuerzo. Obviamente para un medio, para un periodista, es más sencillo tomar el clip o el video, o tomar lo que un candidato posteó en sus redes y a partir de ahí construir una noticia. A mi me parece que eso debe ser el ultimísimo recurso. No se debe renunciar a la tarea clásica del periodismo de hacer reporteo y ojalá con contacto cara a cara.

Sabemos que hay esfuerzo de algunos de los candidatos (bueno, ¡estamos hablando de dos!), hay un esfuerzo para eludir ese contacto. Hay que insistir en eso.

Lo segundo es tener agendas temáticas alrededor de lo que uno considere importante. Por ejemplo, se está enfocando mucho la campaña en el tema de las guías sexuales, o en el tema de “la familia” como una abstracción, o la “ideología de género”, o la Opinión Consultiva de la Corte IDH, entonces preguntarse: cómo deconstruímos eso, y cómo lo priorizamos en relación con otros temas, digamos: déficit fiscal, costo de vida, transporte urbano. Cómo aterrizarlo y priorizarlo de manera que sea digerible y comprensible para un conjunto de personas que no tienen ninguna especialidad en esas materias. Es una tarea de simplificación -pero con rigor- de los grandes temas nacionales, e insistir en preguntar a los candidatos sobre esos temas.

También cuando se hacen los anuncios hay que someterlos a cierta “prueba de ácidos”, sobre su contenido, su sustento, sus implicaciones. Por ejemplo, si anunciar a un grupo de gente que viene de los sectores empresariales a trabajar con Fabricio Alvarado, implica anunciar un “equipo económico”, que eso ya tiene una connotación, es un enmarcado. ¿O es simplemente un grupo de gente que le da su apoyo? Hay que discernir bien entre las distintas índoles de alianzas y adhesiones que hay.  

Los periodistas no pueden convertirse en una simple faja de transmisión de los candidatos. Que si ponen algo en Facebook ya los periodistas se sienten obligados a ponerlo en el periódico, entre otras cosas por temer que uno se va a quedar fuera de esa conversación, o de esa discusión estridente. Es un tipo de tentación que hay que evitar. No se debe perder de vista que en un ecosistema mediático tan complejo, uno tiene que tener un sentido muy claro de cuál es el valor que cada medio aporta. No es lo mismo el valor que aporta un Diego Delfino, que es -si se quiere- un periodismo idiosincrático, es el mundo a través de sus ojos; que el valor que aporta un medio como La Nación o Telenoticias, que todavía son medios que, mal que bien, marcan agenda y -sobre todo Telenoticias- tiene un impacto muy grande en la población en general.

• Creo que este es uno de los asuntos más críticos hoy. Las campañas cada vez más tienen estas características espectaculares y también cada vez están más marcadas por esa conversación instantánea que se produce en los distintos espacios de interacción, con el notable protagonismo de las redes sociales. La tentación es enorme para los medios de comunicación…

De no quedarse afuera.

• Exacto, de participar rápido y como sea…

Y además implica que los medios se pongan hasta en la misma onda linguística y emocional, cuando creo que los medios, al menos los que aspiran a la seriedad, deben ser elementos atemperadores del debate público. Eso es difícil hacerlo, primero porque puede requerir mayor esfuerzo y segundo porque si uno atempera algo, probablemente no está tocando ciertas fibras emotivas que son las que hacen que la gente se acerque o no a determinados medios. Por eso se debe tener claro el tipo de imagen, el tipo de valor que cada medio quiere proyectar, para no perjudicar su propia razón de ser, y hasta su propio modelo de negocio.

Eduardo Ulibarri está en Twitter.

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