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2018: Interacción digital y participación electoral

Entre todo lo que hay para analizar a partir de hoy, se impone releer el rol de las redes sociales y la interacción online dentro del entramado de las campañas electorales. Se ha dicho mucho, pero se ha entendido poco, y esta elección puede arrojar luz sobre un actor al que parece que nadie sabe si asignarle un rol protagónico o si acaso uno de reparto.
 
Unos primeros apuntes de algo que obligatoriamente deberemos profundizar en los días por venir:
 
Durante los últimos años, en Costa Rica pasamos de sobreestimar la influencia de las redes (durante las primeras experiencias electorales que incluyeron estas plataformas: referendo 2007, elección 2010), a casi menospreciarla luego del 2014. Lo cierto es que esta es la segunda elección en que la participación online ofrece pistas indiscutibles, y mucho más tempranas que otros instrumentos (encuestas, medios de comunicación) de lo que luego ocurriría en las urnas.
 
La emergencia de fenómenos como el de Jose María Villalta y luego Luis Guillermos Solís (2013-2014), o Juan Diego Castro y Fabricio Alvarado (2017-2018) tuvieron sus primeros atisbos en las redes sociales y las plataformas vía móvil. Solo luego se manifestaron de formas más “concretas”.
 
Un rol preponderante de los medios sociales en esta elección fue la capacidad para “forzar” y colocar temas en la agenda, a partir de la iniciativa ciudadana. Los medios de comunicación, que -contra todo lo que digan los más entusiastas del nuevo paradigma de comunicación ciudadana- siguen teniendo un papel clave, luego definieron y profundizaron en esos ejes temáticos. La disección del “plan 2.0”, para mencionar solo un ejemplo, por parte de ciudadanos y medios utilizando todo tipo de instrumentos y abordajes, será un formidable caso de estudio en los años por venir.
 
Así, las redes operaron como un epicentro de deliberación del que “emanaron” mensajes muy potentes que luego circularon por medios conectados (whatsapp) y desconectados (familia, lugares de reunión) y que tienen un eco apabullante. Ofrezco otro ejemplo: la cita sobre el concepto de “libertad” contenida en el “plan 2.0” circuló a la velocidad de la luz escasas horas antes de la elección, y rápidamente trascendió fronteras hasta provocar incluso el primer pronunciamiento de preocupación por parte de Human Rights Watch.

 

Merecen capítulos aparte:

La irrupción de Whatsapp en el ecosistema de plataformas, no porque sea una tecnología nueva, sino porque en esta elección, como nunca antes, su uso bien pudo haber sido definitorio. Lo dije temprano en la campaña: si hubo un game-changer en las elecciones de 2018, ese título es para Whatsapp.

La dificultad para capitalizar “influencia” en las redes que ha tenido un amplio sector del abanico político (centro-derecha y derecha). Un fenómeno que se puede rastrear en el tiempo hasta antes del referendo de 2007; la primera experiencia político-electoral que hizo evidente que las redes “parecían” -entonces- ser territorio del “progresismo” o de los sectores de centro-izquierda. Una premisa que al día de hoy, no parece haber cambiado demasiado.

Continuará.

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