Declaración Universal del Derecho al Carro

Todos los seres humanos dignos tienen un carro. Son titulares de estos derechos todos los ciudadanos propietarios de un vehículo automotor, a los que para todos los efectos se llamará conductores. Aunque no todos los carros fueron creados iguales, todos los conductores tendrán los mismos derechos. La ciudad existe para los carros. A este precepto …

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Don Luis Guillermo en su laberinto

 

Cansado, el Presidente Solís publicó este domingo un artículo en el periódico La Nación y lo remató con una cadena de televisión. Lo titula: “Cuando no se quiere reconocer la verdad”. Se queja de un acoso mediático contra su gobierno. Acoso que día tras día ejecuta un plan “de malas noticias subrayadas y buenas noticias muy bien disimuladas”.

A continuación don Luis Guillermo enumera una serie de logros que atribuye a su administración y lamenta “que no se quiera decir ni reconocer la verdad”, en alusión directa a los medios de comunicación.

Empecemos por lo cierto:

Es innegable: el gobierno del Presidente Solís navega, a diario, contra un poderoso torrente periodístico empeñado en mantenerlo atrincherado. Con más o menos vergüenza, y más o menos elegancia, la mayoría de los principales medios del país han cerrado filas para preferir los enfoques abiertamente críticos, y muchas veces cínicos, hacia la gestión del Ejecutivo.
El abanico se extiende desde los periódicos y radionoticieros, hasta medios en línea en los que algunos periodistas ya han colgado definitivamente el hábito de sus principios, para complacer la agenda del patrón. En esa agua nadamos.

Comete el Presidente algunas omisiones de bulto en su artículo dominical:

1. Podemos discutir durante horas sobre los límites éticos del periodismo, pero lo cierto es que eso que el Presidente acusa, es un ejercicio legítimo de la libertad de prensa en una democracia. Dicho de otra forma: los medios tienen derecho; de plantear sus enfoques, de defender su agenda, y por qué no, de redactar titulares güeisos, de hacer el ridículo, y de sacrificar credibilidad a cambio de intereses más prometedores.

2. Luis Guillermo Solís no es el primer presidente “acosado” por el ecosistema mediático. ¿O ya nadie recuerda que eso de lo que hoy se queja el Presidente, es el mismo llanto que musicalizó de principio a fin a la administración Chinchilla? ¿Se acuerdan de su guerra frontal y decidida contra el periódico La Nación?  ¿O se nos olvidó el cerco periodístico que durante 4 años montó desde Telenoticias, Pilar Cisneros, a la administración Arias?  ¿Se acuerdan de los berrinches/derechos de respuesta de don Rodrigo?  ¿Yendo más atrás: el calvario que enfrentó el Presidente Pacheco, solo contra todos los medios del país, que le hicieron la vida imposible para que lanzara el penal del TLC?

3. De la prensa, el Presidente no debería esperar nada distinto. En su artículo, don Luis Guillermo parece pretender que los periodistas bailen al son que se toca en Casa Presidencial. ¿Es que “la verdad” (entendida como la posición oficial de la Presidencia) debería ser “reconocida” por periodistas y ciudadanos… solo porque don Luis dice?
No. La labor de los medios es precisamente la contraria. De los periodistas los ciudadanos esperan un ejercicio responsable de vigilancia, petición de cuentas, comprobación, cuestionamiento. Un marcaje al cuerpo. Nadie quiere medios porristas; excepto quien los necesita.

4. Si bien no es el primer Presidente que tiene a los medios parados al frente, don Luis Guillermo ciertamente llegó al poder en circunstancias distintas; y más importante aún: podría gobernar en circunstancias distintas.
Al Presidente, y a su equipo, se les olvida que soplan otros aires. Que los tiempos en que la única voz que influía sobre la opinión pública, era la de la prensa masiva, han muerto.

¿Qué pretende el Presidente con su lamento?

Nada. Porque a estas alturas, su artículo y su cadena no sirven de nada. Too little, too late.

No va a conseguir una cosa ni la otra: No va a cambiar el periodismo que enfrenta, y no va a cambiar la percepción que de su gestión tiene la ciudadanía, en buena medida influenciada por esa agenda adversa al Ejecutivo.

Si tan honda es la preocupación (y no es para menos), ¿por qué se ha hecho tan poco para enfrentarla?  ¿Por qué se descuidó de forma tan pavorosa la gestión de la comunicación estratégica de Casa Presidencial? ¿Por qué permitieron que la potencia del Presidente en las redes se disipara?

La gestión de la comunicación y la estrategia digitales de la administración Solís, ha sido imperdonablemente amateur. Imperdonable, porque era ahí donde estaba la gran oportunidad de este gobierno en materia de comunicación: en la administración de un caudal de apoyo masivo, por medio de una comunicación innovadora, cautivadora, y sobre todo imbatible, especialmente para los medios tradicionales.

En su lugar, los descuidos han sido la regla. Se cometen errores de principiante, en la forma y en el fondo, un día sí y otro también, y parece que esperan que causen gracia. Se asumió la gestión digital hoy, como se le veía hace 8 años: como un juego inútil.

Mientras tanto, el Presidente y su equipo titular se embarrialan peleando en la cancha que les marca la prensa.

Pierden. Y lloran.

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