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Requiem para El Chamuko

Su lápida solo va a decir la fecha, porque no se le podría poner ni nombre. Poco después de las 4 de la tarde de este martes, el diablo se fue al diablo. El Chamuko pateó el balde, colgó el tridente. Se inmoló a la inversa: apagándose.

Con una seguidilla de tuits, el personaje anónimo más conocido de la web criolla anunció que “se retira” de las redes. Su vida fue corta en años-humano pero larga y fructífera en años-bloguero. Así empezó en 2007 en pleno auge de los blogs con su publicación El infierno en Costa Rica. Más tarde, con la explosión de Facebook y Twitter, el El Chamuko se volvió mucho más grande que su propio infierno.

Lo que nació envuelto en las más santas intenciones como una plataforma de denuncia para perseguir la corrupción, mutó en un personaje con una marcada agenda política y politiquera. El Chamuko publicó por igual denuncias de claro interés público, como quejas y pleitos de patio de interés mucho menos claro.
Denuncias falsas o flojas, chismes infundados e intrigas malintencionadas, también formaron parte de la turbia agenda. Todo marcado por el anonimato del autor, y un paupérrimo trabajo de comprobación y verificación.

Sus últimos días no fueron los mejores. Algo pasó, y quien haya seguido la evolución del personaje lo habrá notado. El Chamuko estaba poseído; pero nadie sabe por quién. ¿Verdad?

Como los tiempos de Dios, los del diablo también son misteriosos. El timing de su retiro no se puede pasar por alto: el mae canta viajera en medio de uno de los escándalos políticos más sonados que recuerde nuestra generación. Con el cementazo, el Chamuko no hizo fiesta; guardó silencio. Para terminar de atizar el fuego, su compadrazgo con Celso Gamboa ha sido evidente en la red desde hace años. Está claro que, como en el circuito judicial, en Cuesta de Moras, y en Zapote, Celso tenía en el infierno un servil porrista.

Este martes, entre sus últimas palabras le dedicó algunas a Delfino. “Siempre quiso ocupar mi lugar”, escribió el Chamuko. ¡Vaya ganga! Y aprovechó para soltar veneno: “Por ese respeto no publiqué una denuncia que pasó un cercano a él, por ser del ámbito personal”. Y es esa línea la que lo retrata: El Chamuko acabó sus días como un vulgar chantajista, un bully envalentonado por su anonimato cobarde.

No se le va a extrañar. Ni a él ni a sus “buenas” intenciones, que de eso está lleno el camino al infierno.

Publicado por Delfino.cr

El video de “Carta a mí mismo cuando tenía 20 años”

Esto me hizo feliz. Y me sacó las lágrimas.

El ultrapopular videoblogger mexicano Alan Estrada (Alan x el mundo) me pidió mi texto “Carta a mí mismo cuando tenía 20 años” para su video de cierre de año. Se lo topó en la web hace meses, me contó hace unas semanas.

Alan no solo lo locutó con sensibilidad, sino que lo montó sobre las imágenes de sus infinitos viajes de los últimos meses.

Publiqué “Carta a mí mismo…” originalmente en La Nación en 2014 y fue la 3era publicación más leída de nacion.com en todo el año. Luego fue reproducido por El Tiempo de Bogotá, Excelsior de México y múltiples blogs de América Latina.

El video de Alan me paró cada pelo. Me emocionó. Y me alegra tanto. ¡Qué viaje tan estupendo han tenido esas palabras! Que meses y meses después siguen llegando a otros destinos. ¡Qué bonito!

Don Luis Guillermo en su laberinto

 

Cansado, el Presidente Solís publicó este domingo un artículo en el periódico La Nación y lo remató con una cadena de televisión. Lo titula: “Cuando no se quiere reconocer la verdad”. Se queja de un acoso mediático contra su gobierno. Acoso que día tras día ejecuta un plan “de malas noticias subrayadas y buenas noticias muy bien disimuladas”.

A continuación don Luis Guillermo enumera una serie de logros que atribuye a su administración y lamenta “que no se quiera decir ni reconocer la verdad”, en alusión directa a los medios de comunicación.

Empecemos por lo cierto:

Es innegable: el gobierno del Presidente Solís navega, a diario, contra un poderoso torrente periodístico empeñado en mantenerlo atrincherado. Con más o menos vergüenza, y más o menos elegancia, la mayoría de los principales medios del país han cerrado filas para preferir los enfoques abiertamente críticos, y muchas veces cínicos, hacia la gestión del Ejecutivo.
El abanico se extiende desde los periódicos y radionoticieros, hasta medios en línea en los que algunos periodistas ya han colgado definitivamente el hábito de sus principios, para complacer la agenda del patrón. En esa agua nadamos.

Comete el Presidente algunas omisiones de bulto en su artículo dominical:

1. Podemos discutir durante horas sobre los límites éticos del periodismo, pero lo cierto es que eso que el Presidente acusa, es un ejercicio legítimo de la libertad de prensa en una democracia. Dicho de otra forma: los medios tienen derecho; de plantear sus enfoques, de defender su agenda, y por qué no, de redactar titulares güeisos, de hacer el ridículo, y de sacrificar credibilidad a cambio de intereses más prometedores.

2. Luis Guillermo Solís no es el primer presidente “acosado” por el ecosistema mediático. ¿O ya nadie recuerda que eso de lo que hoy se queja el Presidente, es el mismo llanto que musicalizó de principio a fin a la administración Chinchilla? ¿Se acuerdan de su guerra frontal y decidida contra el periódico La Nación?  ¿O se nos olvidó el cerco periodístico que durante 4 años montó desde Telenoticias, Pilar Cisneros, a la administración Arias?  ¿Se acuerdan de los berrinches/derechos de respuesta de don Rodrigo?  ¿Yendo más atrás: el calvario que enfrentó el Presidente Pacheco, solo contra todos los medios del país, que le hicieron la vida imposible para que lanzara el penal del TLC?

3. De la prensa, el Presidente no debería esperar nada distinto. En su artículo, don Luis Guillermo parece pretender que los periodistas bailen al son que se toca en Casa Presidencial. ¿Es que “la verdad” (entendida como la posición oficial de la Presidencia) debería ser “reconocida” por periodistas y ciudadanos… solo porque don Luis dice?
No. La labor de los medios es precisamente la contraria. De los periodistas los ciudadanos esperan un ejercicio responsable de vigilancia, petición de cuentas, comprobación, cuestionamiento. Un marcaje al cuerpo. Nadie quiere medios porristas; excepto quien los necesita.

4. Si bien no es el primer Presidente que tiene a los medios parados al frente, don Luis Guillermo ciertamente llegó al poder en circunstancias distintas; y más importante aún: podría gobernar en circunstancias distintas.
Al Presidente, y a su equipo, se les olvida que soplan otros aires. Que los tiempos en que la única voz que influía sobre la opinión pública, era la de la prensa masiva, han muerto.

¿Qué pretende el Presidente con su lamento?

Nada. Porque a estas alturas, su artículo y su cadena no sirven de nada. Too little, too late.

No va a conseguir una cosa ni la otra: No va a cambiar el periodismo que enfrenta, y no va a cambiar la percepción que de su gestión tiene la ciudadanía, en buena medida influenciada por esa agenda adversa al Ejecutivo.

Si tan honda es la preocupación (y no es para menos), ¿por qué se ha hecho tan poco para enfrentarla?  ¿Por qué se descuidó de forma tan pavorosa la gestión de la comunicación estratégica de Casa Presidencial? ¿Por qué permitieron que la potencia del Presidente en las redes se disipara?

La gestión de la comunicación y la estrategia digitales de la administración Solís, ha sido imperdonablemente amateur. Imperdonable, porque era ahí donde estaba la gran oportunidad de este gobierno en materia de comunicación: en la administración de un caudal de apoyo masivo, por medio de una comunicación innovadora, cautivadora, y sobre todo imbatible, especialmente para los medios tradicionales.

En su lugar, los descuidos han sido la regla. Se cometen errores de principiante, en la forma y en el fondo, un día sí y otro también, y parece que esperan que causen gracia. Se asumió la gestión digital hoy, como se le veía hace 8 años: como un juego inútil.

Mientras tanto, el Presidente y su equipo titular se embarrialan peleando en la cancha que les marca la prensa.

Pierden. Y lloran.

Maduro en la UCR: un lujo

postmaduro

Sucede que la Universidad de Costa Rica estaría gestionando la visita de “tres presidentes latinoamericanos de izquierda” en el marco de la cumbre de la CELAC, según informa Noticias Monumental con sendos adjetivos, que para no decir que son más añejos que el swing criollo, ¡digamos que son vintage! (Est 1989).

Los susodichos serían el presidente de Bolivia, Evo Morales, el de Uruguay, José “Pepe” Mujica, y el de Venezuela, Nicolás Maduro.

El titular disparó de inmediato el ardor de los opinadores del like, escandalizados porque nuestra principal casa de Estudios Superiores abra sus puertas a las ideas del socialismo del siglo XXI. ¡Pero qué escándalo!

Olvidan que…  cómo decirlo…  ¡para eso son las universidades!

¿En qué cabeza cabe que una universidad deba cerrar sus puertas a las ideas y palabras de quién sea? Puede haber consenso -no es muy difícil- en que Nicolás Maduro es poco menos que un pelafustán, ¿pero quién no querría escucharlo?

Oir a Maduro hoy, en el contexto de inflexión histórico al que se enfrenta Venezuela, es para decirlo como es: una cita con la historia. Un absoluto privilegio y un lujo, que se desearían los estudiantes de cualquier universidad medianamente seria del planeta. No se diga ya, los periodistas medianamente serios.

Para tranquilidad de los derechudos  acérrimos autoconvencidos, recordemos que ninguna circunstancia le hace más daño a un personaje como Maduro, que abrir la boca. Para terror de cualquier demócrata convencido, ninguna circunstancia le hace más daño a una democracia que la falta de pluraridad, el blindaje ideológico, y la persecución de las ideas; incluso de las idiotas.

CR: libertad y sátira en un país sin sátira

charlie

No sé si es más sobrecogedor el ataque terrorista perpetrado este miércoles contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo; o la horda de sandeces que al respecto han dicho y escrito periodistas costarricenses que, desde aquí, encuentran justificable la barbarie como consecuencia de las publicaciones de la revista. “Se lo buscaron”, titularía más de uno.
Para empezar por el principio: cualquier intento de justificación de un acto atroz que le costó la vida a punta de bala a 12 personas, es en sí mismo un imbecilidad digna de cualquier grado de alarma y preocupación.
Aún más allá de la integridad física y de la vida misma, el terrorismo es siempre un ataque contra el espíritu humano. Es la búsqueda de la sumisión a través de la intimidación. El imperio del miedo. Justificarlo, aceptarlo, consentirlo, es degradarse hasta niveles medievales. No hay mucho más.
Ahora bien, un ataque contra la libertad de expresión por medio de la violencia atroz, es un ataque con agravantes, si es que tal cosa es posible. Es violencia contra el ser humano y contra buena parte de lo que lo hace humano: las ideas y la libertad para expresarlas.
“La libertad también tiene límites”, dicen. Ciertamente hay -y debe haber- límites a la libertad de expresión. Están clarísimos: el derecho al honor ajeno, y la no apología de la violencia. “La libertad de expresión no puede estar por encima del respeto”, dicen. ¡Lo mismo decía Franco mijo!
La sátira no es un delito, ni necesariamente implica un abuso de la libertad de expresión, aún cuando “atente” contra lo que subjetivamente alguien considere “sagrado”. Creer que lo que es “sagrado” para mi, debe ser un tema vetado para los demás, ¡eso sí que es un abuso! Y afortunadamente también, ese, como cualquier intento de censura, es considerado un atropello a la luz de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Es fácil escandalizarse por la línea ácida, chocante, y provocadora de Charlie Hebdo allá en la cuna de la libertad, igualdad y fraternidad, cuando uno la ve desde este vergel bello de aromas y flores. ¡Costa Rica tiene una prensa aburridísima! Prácticamente todas las generaciones de costarricenses hoy vivos, hemos vivido consumiendo un periodismo tradicional, que raramente se arriesga hacia a la incorrección política, y que apenas excepcionalmente ha rozado los límites legales y legítimos de la libertad de expresión.
Aquí las últimas publicaciones satíricas y beligerantes se extinguieron cuando mi generación apenas abandonaba la secundaria, y hoy por hoy lo más cercano que tenemos a ese saludable ejercicio es el más que respetable trabajo que se hace en radio, y una que otra viñeta en periódicos de baja circulación.
Para redondear el bostezo, valga señalar que nuestra prensa solo suele ser incorrecta cuando lo hace por mediocridad y oportunismo, como en el caso de los medios sangrenalistas; o cuando lo hace por chabacanería, y vulgaridad clasista, como en el caso de los medios artificialmente pachucos.
En Costa Rica no conocemos la sátira y como consecuencia no la entendemos. Y a juzgar por las reacciones más conservadoras,  podríamos concluir que tampoco entendemos su importancia como herramienta de sano y caliente debate democrático, y de oportuno cuestionamiento, que escapa de los sensatos rigores del periodismo netamente informativo.

“Por su naturaleza y función social, en muchas sociedades la sátira ha disfrutado de especiales licencias y libertades para burlarse de personas e instituciones destacadas. En Alemania, e Italia la sátira incluso está protegida por la Constitución.
Como la sátira también es considerada una expresión artística, se beneficia de ímites de legalidad más flexibles que la simple libertad de información de tipo periodístico. En algunos países se reconoce un “derecho a la sátira” específico, cuyos límites trascienden el “derecho informar” del periodismo e incluso el “derecho a la crítica”.

Es evidente que a Costa Rica le urge ese susto. Necesitamos sátira valiente que nos incomode. Ese espejo que más de uno preferiría evitar. Esa capacidad superior para reírse de uno y de lo propio, y para meditar después de la risa. Esa incomodidad que obliga al movimiento. Esa audacia que desbarata tabúes y deschinga reyes.
También necesitamos comunicadores que entiendan que para la libertad de expresión no puede haber puntos medios, ni temas vetados, sagrados, o intocables.
Lo exponía con diáfana claridad ya hace algunos años el filósofo español Fernando Savater:

“…la libertad religiosa en los países democráticos se basa en el principio de que la religión es un derecho de cada cual pero no un deber de los demás ciudadanos ni de la sociedad en su conjunto. Cada cual puede creer y venerar a su modo, pero sin pretender que ello obligue a nadie más. Tal como ha explicado bien José Antonio Marina en su reciente Por qué soy cristiano, cada uno puede cultivar su “verdad privada” religiosa pero estando dispuesto llegado el caso a ceder ante la “verdad pública” científica o legal que debemos compartir. La religión es algo íntimo que puede expresarse públicamente pero a título privado: y como todo lo que aparece en el espacio público, se arriesga a críticas, apostillas y también a irreverencias. Hay quien se muestra muy cortés con todos los credos y quien se carcajea al paso de las procesiones: cuestión de carácter, cosas del pluralismo.”

Recordemos que en nombre del “respeto” y de otro sinfín de criterios subjetivos, cambiantes y antojadizos se han cometido atropellos históricos a los derechos individuales más fundamentales, incluidos no solo la libertad de expresión, sino -oh la ironía- la libertad de culto.
Y que para la libertad no puede haber “peros” o “sin embargos”. Uno cree decididamente en la libertad; o no.