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No más Tinta Fresca

Les quiero compartir que mis textos no se publicarán más en la Revista Dominical de La Nación.
Estos 3 años en Tinta Fresca fueron una invaluable experiencia que me obligó a ensayar ideas sobre temas muy diversos, pero sobre todo me dio perspectiva sobre la variedad de opiniones y posiciones que conforman el espectro de la opinión pública, cuando se ventila a través de un medio de comunicación masivo, generalista, y tradicional.
Dice el lugar común que nunca hay que decir nunca. Pero cualquiera que sepa leer los signos de los tiempos podrá concluir, como yo, que probablemente este fue mi último vínculo con La Nación. Se trata de un periódico al que respeto profundamente, y con el que –movido por ese respeto- he sido siempre crítico, y también agradecido.
Agradezco a cada uno de los editores y directores que durante los últimos 13 años me han confiado distintos espacios y proyectos, en un medio para el que nunca trabajé formalmente, pero que me permitió crecer, ejercitar estilo, expresarme siempre con libertad, y meter las patas de vez en cuando. Gracias a Juan Fernando Cordero, Eduardo Ulibarri, Gina Polini (q.e.p.d.), Maricel Sequeira, Luis Rojas, Yanacy Noguera, Larissa Minsky, Víctor Fernández y Yuri Jiménez.
Me llena de satisfacción haberle dado a Tinta Fresca piezas potentes cuyo millaje hace que sigan dando vueltas por la web aún hoy. Especialmente me complace haber compartido el espacio con amigos queridos, y arrolladores talentos de mi generación, como Adriana Sánchez, Diego Delfino y Margarita Durán.
Gracias sobre todo a ustedes que leen, comparten, critican, y hacen que el que escribe tenga que hacerlo cada vez mejor.
El periodismo de opinión me apasiona desde antes de saber que era una forma de hacer periodismo. Seguiré escribiendo y publicando porque es la mejor forma que he encontrado para aprender, compartir, y comprender. Escribiré sobre comunicación estratégica, emprendimiento, y la aventura de hacer empresa, así como sobre asuntos más míos, en este sitio.
En los primeros meses de 2016 estaré feliz de compartirles una nueva propuesta informativa móvil en la que hemos invertido meses de trabajo y conceptualización. Ya llegará su momento.
Todo lo demás es lo que hago todos los días junto a un talentosísimo equipo en BigWebNoise, nuestro emprendimiento que ahora es una sólida agencia de estrategia digital para la que vienen grandes noticias; y que experimentará a principios de año una serie de ambiciosos cambios, en un ecosistema -el de la comunicación- en el que lo único que es permanente es evolucionar. O no.
El futuro será apasionante 😉

Carta a mí mismo cuando tenía 20 años

Mae. No voy a preguntar cómo estás, porque lo recuerdo. Estás bien, y los años que vienen vas a estar bien. No tengo mucho tiempo (no lo vas a tener, pues) ni mucho espacio. Apenas 2.500 caracteres para decirte algo importante desde el futuro. Así que elijo esto: ¡Viajá más, huevón!

Si te vas a empeñar en algo, empeñate en irte. Cada vez que podás, y cada vez por más tiempo. Seguí los mismos sueños, hacé los mismos planes, emprendé los mismos proyectos y repetí los mismos errores si querés. Pero viajá más.

En los próximos años, te van a distraer ideas, sentimientos y personas. Aferrate al plan, que yo sé lo que te digo. Invertí en viajar, que es invertir en vivir. Usá lo que te ganés para alejarte de vez en cuando, que no puede haber perspectiva sin distancia. Andate y volvé, y andate. Creéme que nada te va a dar momentos de mayor felicidad.

Viajá joven, las circunstancias no harán más que complicarse luego. Viajá lejos y viajá cerca. Viajá con tu gente más querida, viajá solo; viajá soltero.

Sólo después viajá en pareja. Nada pone a prueba el amor como viajar juntos, decía Mark Twain, viajero incansable y astuto que encontró el amor, viajando.

Caminá, caminá, caminá. Gastate los pies recorriendo calles nuevas. Perdete sin miedo. Hablá con desconocidos, escuchá todas las historias, hacé todas las preguntas. Comé solo, comé en pelota, comé sin prisa, comé de camino. Comé allá lo que nunca vas a comer acá. Lo caro y lo barato, lo verde y lo rojo, lo duro y lo espeso.

Exprimí cada día y cada noche. Emborrachate al menos una vez en cada ciudad. Probá todo lo que no te mate. Hacé el ridículo. Enamorate por un par de días. Amá en otro idioma. Hablá en lenguas. Tocá la gloria.

Viajá con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro. Asombrate de lo épico y de lo simple, de lo extraordinario y de lo mundano. Asombrate de los olores, de los colores, de la naturaleza y de lo que la gente hace con la naturaleza. Asombrate del arte, del caos, del futuro y del pasado, de lo exquisito y lo repugnante. Aprendé sin soberbia y dejate arrollar una y otra vez por el asombro, que es lo que hidrata al alma y el cerebro. Que “viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”, escribió Twain en sus crónicas. “Nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si se queda en una esquina de la Tierra toda su vida”, remataba.

Vas a ver que el mundo se va a hacer más pequeño. El obstáculo entonces será tu voluntad, o la falta de ella. Me habría gustado entenderlo más temprano. Que no te pase.

Por cierto: en el título digo “carta” por decir cualquier cosa. En el futuro nadie escribe cartas. Ni siquiera cuando está de viaje.

Publicado originalmente en la Revista Dominical de La Nación, el 20 de abril de 2014.
Este texto fue la 3era publicación más leída del año 2014 en Nación.com, y desde su publicación ha sido reproducido por múltiples medios de Latinoamérica.